Aceitunas muertas


Me encantan las tiendas especializadas, sobre todo cuando huelen bien. Las de vinagrillos tales como aceitunas, pepinillos, pimientos y cebolletas me ponen especialmente contenta. Tantos colores y sabores diferentes me abstraen de mi inagotable mente y me llevan al puro disfrute por la vida. Además, huelen tan bien que cruzo la calle para pasar al lado de esos lugares y sentir su aroma. Segrego saliva al instante. Me gusta sentirme animal. Acción reacción, instantánea. El deseo es así, totalmente libre.

En Aragón tienen unas aceitunas negras que recién recogidas del árbol (vivas) son jugosas pero amargas y que se matan mediante un proceso de secado con sal y frío. Hace tiempo las descubrí gracias a un amigo, aceitunas muertas. Son de temporada, llegan en enero aunque yo ya pregunto por ellas en navidad. Esta vez se me pasaron por alto durante el comienzo del año pero antes de terminar el primer mes un impulso vital me llevó a ellas. Sí, estaban a la venta y todavía no me amenazaron con su extinción. ¡Qué alegría me llevé! Son fugaces, como tantas cosas hermosas de la vida y cuando te empiezas a habituar a ellas desaparecen hasta el año que viene, cuando vuelva el frío.

Me gusta su sabor amargo pero especialmente su diversidad. Comerlas es una experiencia puesto que te encuentras de todo: la amarga amarga, la excesivamente salada, la medio podrida, la que se desahace y desaparece en tu boca como mágicamente, la que te recuerda que tiene piel, la picante, la terrenal, la aérea... Todas son muertas y están llenas de vidas diferentes.

Me identifico con ellas, con esa diversidad dentro de lo que una es. Ante la inevitable homogeneidad del aspecto exterior, todas esas moléculas dispuestas en constante cambio casi imperceptible en el instante, me siento aceituna muerta: amarga, salada, podrida, sutil, mágica, picante, terrenal, aérea... Esa soy yo y algún día, cuando esté muerta quizás me convierta en aceituna y pueda deleitar con mi actitud vital, al que me ingiera. Eso sí, si se puede pedir, prefiero ser muerta y sorprender.

                                         


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