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Mostrando entradas de 2018

Arriesgarse siempre tiene su recompensa

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Hay veces que creo que es necesario hacer una apuesta de confianza en la vida. Aunque cueste. Aunque suponga entrar en lugares poco cómodos y variables. Aunque nadie que nos quiera nos lo recomendaría, ni nuestra mejor amiga. Hay veces que tengo que hacer ciertas cosas por ser honesta con aquello que siento, aunque no me dé valor social ni reconocimiento, ni nada que nadie más que yo misma sepa o comprenda plenamente. Simplemente es atreverme. Una, sí. Lanzarme al acantilado de aquello que aunque oscuro y puede que emocionalmente turbulento, pueda mostrarme más sobre quién soy.  Tal vez vivir esa experiencia me dé seguridad porque he sido capaz de hacerme caso independientemente del resto del decorado. Tal vez no. Eso sí, una vez que se entra ahí hay que navegar y a veces no es fácil. Se está sola aunque se encuentren apoyos incondicionales e inevitables descubrimientos personales. Siempre hay hallazgos cuando camino. Sólo cuando me cierro a los desafíos que me plantea la vida es cuando…

Sobre las puertas y el sexo

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Me cuesta saber hacia dónde se abren las puertas. Me cuesta desde pequeña. No podría decir si habitualmente se consigue hacia un lado u otro, porque la experiencia de abrirlas,anula mi capacidad de acumular datos que impliquen una deducción lógica de lo que mayoritariamente sucede. Léase: las grandes, o las de los espacios públicos suelen ser hacia fuera o viceversa. Esta tendencia mía natural a la estadística, supongo que con el inútil afán de situarme entre el montón, en la media, en aquello denominado normalidad, no me ofrece información para este caso de las puertas. Entonces, ¿qué es lo que me sucede? La puerta es un límite para mí, una frontera que me genera mucha curiosidad, quizás en ocasiones ansiedad, puede que emoción ante la posible sorpresa o fascinación. Incluso cuando tienen escrita la dirección hacia la cual se abre, mi mente no lo comprende y mi mano empuja hacia un lado u otro, aunque sea ligeramente como en la biblioteca, para que no se me sienta. Da igual el tamaño …

Secretos

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Casi todo el mundo, cansado de fríos y nieves, desea su final. El final del invierno. Como una profecía catastrófica a mí me aterra.  Me duele que se termine, que la naturaleza despierte y yo,  ya no me pueda ocultar de ella.


Aceitunas muertas

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Me encantan las tiendas especializadas, sobre todo cuando huelen bien. Las de vinagrillos tales como aceitunas, pepinillos, pimientos y cebolletas me ponen especialmente contenta. Tantos colores y sabores diferentes me abstraen de mi inagotable mente y me llevan al puro disfrute por la vida. Además, huelen tan bien que cruzo la calle para pasar al lado de esos lugares y sentir su aroma. Segrego saliva al instante. Me gusta sentirme animal. Acción reacción, instantánea. El deseo es así, totalmente libre.
En Aragón tienen unas aceitunas negras que recién recogidas del árbol (vivas) son jugosas pero amargas y que se matan mediante un proceso de secado con sal y frío. Hace tiempo las descubrí gracias a un amigo, aceitunas muertas. Son de temporada, llegan en enero aunque yo ya pregunto por ellas en navidad. Esta vez se me pasaron por alto durante el comienzo del año pero antes de terminar el primer mes un impulso vital me llevó a ellas. Sí, estaban a la venta y todavía no me amenazaron co…