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La muerte me está dando mucha vida

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Ayer me tocaba ir al dentista. Mi habitual me había recomendado por motivos de distancia física ese sitio. Era mi primera vez en ese lugar. Me asustó que fuera tan grande, tan monstruoso, con tantas mujeres de traje y gafas de pasta amables y sonrientes. El local era tan blanco que me sentía como una mota de polvo incómoda. Todo nuevo, todo resplandecía como las dentaduras de las personas que aparecían en unas pantallas gigantes con mensajes cambiantes. Que si cómo empezaba la biblia con multirespuesta, que si las mandíbulas completas, que si la felicidad. Hablar de felicidad en esos términos y formas me resultó chocante, lejano, insólito.
Me habla la encantadora recepcionista. Tengo que rellenar una hoja llena de preguntas deprimentes y firmar. Respondo que no a todo: cáncer, melanoma, problemas de corazón… así hasta cuatro hojas completas. Un repaso por la geografía del sufrimiento humano. Sufrimiento físico, creo.
Me pregunta por qué miro así. Soy así, le respondo. Es mi forma de mir…

Orgasmo primaveral

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Doy un golpe. Ese ruido me hace sentir bien. Me acomodo y retiro la mano de la puerta. Ya está: silencio, soledad, kilómetros por recorrer, un enigma por descubrir. Respiro hondo e introduzco la llave que le da vida al motor. Nunca me ha interesado ese mundo, el del motor. Tampoco el de los coches. Coche: ruedas, movimiento, poco más. Caja que permite moverse. Desconozco nombres ni clasificaciones de los mismos aunque cuando uno me llama la atención, sin demasiado énfasis, me suelen decir que es de los caros. No sé. No le doy importancia, no ansío su estatus. El mío está viejo, sucio, con una baca y tres puertas, azul como la mar un día despejado con viento. Con viento porque si no, no estaría despejado.
Los kilómetros se sucenden y yo con ellos.
Cuando era niña, solía jugar a las aventuras. Cualquier cosa que tuviera que hacer era una aventura y todo estaba lleno de mensajes, descumbrimientos asombrosos y cosas curiosas que me comunicaba el instante que vivía. Observaba desde ese lugar…

Encontrándome con los otros: Richard Zalduendo sobre mis entretelas

Hace casi un mes volví a salir de mí mostrando lo que llamamos "El baúl de mis entretelas". En esta ocasión, sin tanta necesidad terapéutica como la anterior ni dolor, disfruté de lo lindo soltándome la melena y dejándome ser.

Básicamente se trataba de exponerme contando algunos secretos vitales, junto con canciones y poemas que me gustan y acompañan en mi vida. Vamos, las cosas que me van llegando del exterior y mi forma particular de convertirlas en mí misma.
Entre los presentes estaba Richard Zalduendo, R. que muy cariñosamente me hizo este vídeo donde la imagen y la música muestran la historia sin palabras. Otra forma de captar el exterior y transformarlo en algo propio. ¡Gracias R.! Ahí va el enlace por si te apetece conocer su particular y talentosa forma de observar. El baúl de mis entretelas - Cecilia Blanco Muñiz from richarDzalduendo on Vimeo.

Observando la naturaleza del amor

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Acuarela en movimiento


Ahí está
Sol entre nubes al atardecer:
ahora sol… ahora nubes…
ahora sol y te veo venir
brillando,
en tu bicicleta con casi 5 años.
Sonrisa y pedaleo, nada más
y nada menos.
Ahí está


Quieres dormirte,
estoy cansada y quiero fundirme con mi raca-raca
descansar entre tanto ruido.
Me miras y alzas los brazos hacia mí
sin palabras porque no hacen falta.
Te recojo y observo cómo,
en mis brazos
tus ojos se van cerrando y respiras
feliz.
Ahí está


Caminamos al mismo ritmo
yo a mi lado
tu al tuyo.
Te miro y coincidimos un instante.

Dos maneras de ayudar

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Sujeto la puerta para que no puedan salir y mientras tanto las pinzas saltan, se congelan los calcetines. Duro trabajo cotidiano matizado por la inclemencia del tiempo. Ya dentro pido auxilio el frío se me ha quedado demasiado dentro. Una corre a buscar con la rapidez que sólo ella posee la manta más amorosa la otra después de varios intentos de salto alternando un pie de cada vez y sin pensarlo más se me lanza y me da un abrazo.
                                     El dibujo es de Diana... ¡cuánto que aprender!