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Mostrando entradas de 2016

Fiesta de hadas navideña

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Hace unos días acudí a una exposición de belenes navideños con mis hijas. Iba con una actitud de encuentro con una pareja a la que quiero mucho, y que hacía tiempo que no veía, y de pasar el tiempo en lugar cálido con las enanas. La verdad es que me quedé tremendamente sorprendida. Pensaba que sería un belén con piezas viejas y las caras de los personajes terroríficos bajo el portalín de piedra. Nada más lejos de la realidad. La belleza y la creatividad de las maquetas me pareció algo increíble. Independientemente del motivo, se hacía patente el amor y talento con el que se habían hecho. Primero con recelo y luego con devoción disfruté hasta la última, porque había montones de maquetas. El lugar de nacimiento era muy variado, como la vida misma. Hace algún tiempo escribía sobre ello, una idea que me encanta. La posibilidad de nacernos donde nos plazca o donde nos suceda, puesto que a veces nos pilla de sorpresa. Mismamente el otro día estaba yo tan tranquila respirando y ¡pumba!, sin …

Regalos desde el WC

Tengo una afición: no encender la luz del baño. Por las noches me deslizo sigilosamente a través de los pasillos o lugares que ofrezca la casa camino del ansiado lugar.
El lado que da a la calle de ésta, continúa iluminado aunque baje la persiana. La enfermiza luz de la calle entra por los huecos inevitables del uso. Qué obsesión por arruinarnos la noche, la olvidada oscuridad de la ciudad y ahora también en los pueblos. Nos dicen que es por seguridad pero a mí me asusta.
Hoy es el día. La casa está tranquila, ha oscurecido hace un rato y siento el apretón nocturno antes de acostarme. Me deslizo por el pasillo de baldosa que no cruje y tropiezo con varias piezas del mobiliario colocadas para tal efecto. Algunos lo llaman adornos, yo obstáculos.
Visto una camiseta vieja, que había dicho hace mucho que no me volvería a poner. Desgarbada y casi transparente por el uso. Con un agujero lateral más que considerable. No sé, huele ostensiblemente a ti y no puedo evitar sentir tu abrazo de oso…

Quiero que mis células sean gregarias

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Ha caído en mis manos un libro llamado “Luz sobre los yoga sutras de Patañjaly”. Ante mi desconocimiento me he atrevido a abrirlo y después del prefacio y la introducción, me regalé la lectura al azar de una hoja. Encontré algo que no me permitió seguir con la lectura. Llevo días reflexionando sobre ello. La explicación la da B.K.S. Iyengar: Cuando el sadhaka está firmemente establecido en la práctica de la verdad, sus palabras se tornan tan potentes que todo lo que dice se realiza. La mayoría de nosotros creemos que decimos la verdad, pero la verdad es causal, no integrada y celular. Por ejemplo, si digo: «Nunca volveré a comer chocolate», mientras una sola célula del cuerpo se abstenga y disienta de las otras, nuestras posibilidades de éxito no estarán garantizadas. Si proclamamos una intención totalmente incondicional, sin que disienta ni una sola célula, entonces creamos la realidad que deseamos. Quien tiene el poder de llevar a cabo nuestras intenciones no es la mente, sino la voz …

Sobre la crisis de los cuarenta, cuarentona o cuarentañera

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Hasta el momento no había sufrido ninguna crisis relativa al hecho de cumplir años. Recuerdo que cuando cumplí 30 estaba en París. Pasé un día maravilloso en una compañía inmejorable y una de las personas con la que celebraba, al que agradezco mucho su mirada, insistía en el hecho de salir de los 20 y pasar a los 30. No lo sentí como nada problemático y más bien fue objeto de risas. También recuerdo que cuando era joven, una amiga tuvo crisis de los 16 ante mi estupefacción, que por aquel entonces era la de una persona de 14 años que no llegaba a entender el calibre de semejante asunto. Con el paso de los años me he ido sintiendo mejor en mi piel, sobre todo después del paso de la adolescencia. Los treinta y los treinta y tantos han sido momentos de grandes cambios para mí. Incluyo en ello maternidades, cambios de residencia, crisis existenciales, mutaciones laborales y aumento del autoconocimiento. Nada más y nada menos. Hace unos días, o meses, quizás dos, empecé a tener “ideas”. No s…

El cielo no existe

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Me cuesta pensar
que el cielo no existe,
que no hay un límite,
un lugar al que llegar
meta, fin.


El cielo no existe
y eso duele.
La falta de techo
me dificulta comprender.
Mi hábito
es buscar el confín, la frontera divisoria,
ese lugar desde el cual
al llegar
puedes descansar
y afirmar
ya está, fabuloso, terminé.


El cielo no existe.

Quizás observando los múltiples cielos que haya en cada pedazo de tierra que malgasto al caminar pueda encontrar
algún mensaje,
una señal
de que por fin
sí,  he vuelto
estoy con

Sobre la represión de la energía sexual y las fantasías inconfesables

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Hace mucho tiempo, cuando era estudiante de sociología, un grupo de personas nos juntamos para hacer la simulación de una investigación de mercados dentro del marco de una asignatura con un profesor adorable, al que aún estoy agradecida. El caso es que decidimos realizar una prospección del mercado pornográfico para las mujeres. A ninguna de las mujeres que formábamos el grupo nos acababa de llenar la imaginería patética del mundo porno, que quizás vendiera mucho entre los hombres pero estaba claro que nosotras requeríamos algo más de calidad en lo que se refería a contenidos, intenciones y naturalidad del lenguaje audiovisual. Los hombres del grupo parecían menos exigentes pero en cierta forma acomodados a un subproducto que les proponía un modelo básico y efectivo. Eso sí, también eran críticos y se sentían atraídos hacia la propuesta femenina. Una de las actividades que realizamos fue el sondeo de fantasías. Solicitábamos a las mujeres universitarias que compartieran con nosotros al…

Sobre el contagio oscilatorio

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Acabo de recordar que en todo sistema oscilatorio, debido al fenómeno de tracción sincrónica, el elemento que oscila con mayor intensidad arrastra a los osciladores de menor potencia. Ahora entiendo cómo lo consigues. Con tu sonrisa me arrastras a la alegría más básica de mí misma y le das alas.

                                               Lápiz blanco sobre cartulina negra y boli de brillo

Mujer menguante

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Menguando hasta casi desaparecer
y entonces el brote,
una flor minúscula.
Una miniatura pegada a la tierra
que guarda toda la luz del sol
aun siendo casi tan pequeña
como una mota de polvo.
Miniaturas a punta fina

Ruidos de cachorro humano

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Esos ruiditos
entre risilla y carcajada
vienen de dentro
con sonoridad profunda
y me traspasan
mostrándome
lo bueno que es
estar viva
Prueba de tinta china, aprendiendo técnica de Sumi-E

David Bowie, In memoriam

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¡Tu música acompaña tantos instantes de mis vidas! 
Cuando estoy triste me recreo en las canciones deprimentes que me permiten sintonizar verdaderamente con esa emoción. 
Hay canciones que me permiten viajar en el tiempo y encontrarte, abrazándome, despidiéndonos, después de cinco años juntos para seguir muchos más.
Hoy me apetece compartir especialmente la poca gana de volver a la lata después de haber salido de ella para continuar el viaje desde el asombro flotante. Space Oddity. Gracias por ser original, como un gato japonés.



Propósitos para el año nuevo

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Cuando el oleaje es fuerte, cuando la mar está brava y golpea con brío, entonces, la espuma se acaracola, retorciéndose, girando sobre sí misma como una espiral. En ese momento es cuando mejor se puede percibir la microespuma, una especie de brillo ligero que en movimiento acompaña el límite inexistente por indefinido entre la ola y el aire. Esas burbujas blanquecinas que como una estela escoltan, ésas, me entusiasman. Este año me propongo ser como ellas, o intentarlo, o tenerlas presente.  Vigilando de cerca las inevitables olas que aparezcan. Acompañando su movimiento y fundiéndome entre el aire y la mar, con la solidez embravecida que al llegar al fondo marino se sabe calma y silencio.
Foto de ola con microespuma